“Cualquier esfuerzo para disminuir el impacto ambiental, vale la pena intentarlo”

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Estábamos en una comida familiar el pasado domingo 19 de agosto y se me ocurre pedirle a Fernando, mi hermano, que comentara algo en la publicación que había hecho en el Instagram de Ecü. La publicación se refería a un acto político/polémico del diputado German Ralis, por parte del partido movimiento ciudadano, en donde propone que las empresas productoras y consumidoras de envases de plástico PET agreguen a su etiqueta de manera clara y legible imágenes sobre el daño ambiental y ecológico que producen dichos envases.

Fernando comento lo siguiente: “Cualquier esfuerzo para disminuir el impacto ambiental vale la pena intentarlo. Venga de quien venga, sea donde sea” esta frase llamo mucho mi atención, al grado que profundicé sobre esa idea y decidí escribir acerca de ella.

Hoy en día existen datos abrumadores y contundentes de lo que hemos hecho como sociedad, al ignorar por completo de donde proviene lo que adquirimos y simplemente enfocarnos en lo que es “rápido” y “práctico”. Te dejo un ejemplo: Solo en México se desechan 40 millones de llantas al año de las cuales solo un 4% - 7% se recicla y lo demás se queda almacenado en tiraderos y basureros e incluso se quedan en la calle. La llanta es un problema, ya que al almacenarse se llena de agua y es albergue de enfermedades como el chikungunya, dengue, entre otras. ¿Qué pasa si decidimos quemarlas?  Una sola llanta quemada equivale a la contaminación que genera el uso promedio de un automóvil durante un año. ¡Estos datos son alarmantes!

¿Qué es lo que pasa? ¿Porque hemos llegado a tanto? ¿La culpa la tienen las empresas que distribuyen este material en sus productos?

Creo que lo que está pasando es una falta de conciencia ambiental basada en nuestra manera de consumir. Aquí, me gustaría detenerme y hacerte una pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que te compraste una botella de agua, una camisa, un pantalón y te preguntaste de dónde viene? ¿Qué le va a pasar a este producto cuando yo lo deje de usar? Si este tipo de cuestionamiento no ha pasado nunca por tu cabeza es porque probablemente en ningún momento se te advirtió del problema que estamos viviendo. Independientemente, esto no nos quita la responsabilidad que tenemos como sociedad de no exigir a las grandes empresas que hagan productos amigables con el medio ambiente y tampoco las exime de no hacer conciencia y buscar alternativas ecológicas para sus productos, todo esto es parte de un círculo vicioso.

Si el día de mañana tu decides dejar de comprar artículos que dañen al medio ambiente, te aseguro que las empresas se tendrán que ajustar a tus necesidades y a lo que tu le pides. Por todo esto creo firmemente en esta frase: “Cualquier esfuerzo para disminuir el impacto ambiental vale la pena intentarlo. Venga de quien venga, sea donde sea”.

Comienza dando pasos pequeños, un hábito no se forma de la noche a la mañana, se requieren 21 días para lograr que tus actos se conviertan en hábitos. No tires basura, recicla tus productos, fíjate en lo que compras, infórmate un poco acerca del tema y por último cuando creas que lo que haces no está haciendo diferencia recuerda esta frase: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar seria menos si le faltara esa gota”


#CaminaDejandoHuella
Daniel Noroña

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